#Miedo #alDolor
Por mucho que la sociedad tienda a criminalizar a aquél que toma la decisión de terminar con la relación, quien deja también sufre.
“La sociedad ha estereotipado la idea de que el dejado lo pasa peor, pero no es nada despreciable del dolor del que deja, que tiene que abordar un gran cambio cuando todo es adverso a esa transformación”.
El cariño y apego desarrollados a lo largo del tiempo que haya durado el noviazgo (o el matrimonio) no se borran de un plumazo y desprenderse de la persona con quien uno comparte su vida es doloroso.
Pero, además, por lo general quien está pensando en dejar a su pareja no quiere hacerla sufrir, y menos aún si no hay motivos concretos (como una infidelidad o un desencuentro grave).
El sentimiento de culpa y la carga que supone el autorresponsabilizarse del sufrimiento ajeno son en muchos casos lo suficientemente fuertes como para desanimar a mucha gente que quiere tomar la decisión.
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